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Otra visión sobre el Cine de Sami Kafati.

CINE

EL PURO CIELO DE SAMI KAFATI

Por  Guadi Calvo.

Tomado de la revista Xicoátl

¿Se acuerdan, de cuando los cines tenían galería?

Quedaban allá arriba, en el puro cielo.

Sami Kafati

Todavía hoy, cuando en algún ciclo o festival de cine encontramos alguna película hondureña, no podemos dejar atrás una sensación de sorpresa e incredulidad.

Anita la Cazadora de Insectos (2000), una de las últimas producciones, basada en un cuento de Roberto Castillo y dirigida por Hispano Durón, ha transitado con buena acogida por diferentes encuentros, y en los festivales de Toulouse, Costa Rica y Buenos Aires, entre otros durante el año 2000, en la Muestra de Cine Centroamericano en Madrid, en el Festival de Cine Latinoamericano, en el American Film Institute de Washington; finalmente en el Festival Ícaro de la Creación Audiovisual en Guatemala, durante el 2001, donde obtuvo el premio a la mejor producción.

Almas de la Media Noche (2001) es otra de las últimas realizaciones de este cine alentado por el acceso a las nuevas tecnologías, donde el muy joven Juan Carlos Fanconi, trabaja sobre un relato de la vida después de la muerte, transitando por creencias religiosas.

Estos son apenas ejemplo de una de las más tortuosa cinematografías del continente. Por eso en estos tiempos, decíamos, si aún nos sorprendemos del éxito y calidad de las producciones hondureñas, qué queda para quienes, a principios de los sesenta, conocieron el primer film catracho Mi amigo Angel (1962) realizado a base de puro riesgo, resolución y talento por un joven, Sami Kafati, (1936), que con este mediometraje, se iría a convertir en el padre de esta cinematografía.

Contra todo lo que se podía pensar, en aquellos años, Mi amigo Angel, no transitaba por paisajes, mercados populares, fiestas típicas o beatas procesiones, ni usaba todos esos recursos que se aplican cuando hay más ganas que ideas.

Mi amigo Angel, con un natural aliento neorrealista, se mete en Tegucigalpa, no la de los largos autos norteamericanos, sino en la de los rescoldos del pueblo pobre, la de los descendientes de los pueblos originarios; donde Kafati atrapará la problemática de los sumergidos: el alcoholismo, la marginalidad, la falta de trabajo, la prostitución. Esto queda claro en el final de este mediometraje, cuando el protagonista, un niño lustrabotas llamado Angel, camina entre tumbas, que son símbolo de una sociedad muerta y sin reacción y Angel se nos quedará mirando fijamente, como preguntando cuanto tiempo más durará ese mundo de exclusión del que forma parte y es víctima.

Angel se pierde finalmente entre las tumbas y el director, como una tétrica predicción, no colocará la palabra fin, ya que el problema seguirá existiendo. Desde esa época Kafati tenía propuesto convertir su cámara en uno más de los tantos fusiles que se levantaban en América Latina. Quizá sin conocerse todavía, pero arrastrados todos por los mismos huracanes, Sanjines, Glauber Rocha, Littín y Chalbaud, entre otros, iniciaban el proceso más significativo de la cinematografía latinoamericana.

Cuenta Sami Kafati que en esa época ingresar al cementerio para filmar con su Bolex el legendario final de Mi amigo Angel, resultaba en extremo peligroso. Nadie podía comprender porque no retrataba los fabulosos paisajes de La Tela, La Ceiba, o los rincones elegantes de Tegucigalpa.

En más de una oportunidad recibió insultos y amenazas de quienes, mentándole sus orígenes libaneses, lo acusaban de mostrar al mundo las fealdades hondureñas.

Pero así y todo, sin conocimientos cinematográficos, sin más apoyo que el de algunos amigos y parientes, Sami Kafati terminó el seguimiento del pequeño lustrabotas por las calles de Tegucigalpa, y la primera película hondureña, Mi amigo Angel en 1962, estaba realizada.

En 1956 Sami Kafati, junto con Luis Enrique Aguiluz, en el valle de Comayagua, procesó sus primeros ensayos en 8mm. Lentamente fue comprendiendo que el cine no se limitaba a un mero ejercicio de recreo y entendió las incalculables posibilidades de expresión que el invento de los Lumière, le aportaban. Para filmar Mi amigo Angel, todo fue cuesta arriba: luego de un arduo trabajo para conseguir su famosa cámara Bolex, sin conocimientos de cine o del lenguaje cinematográfico, sin técnicos, sin equipos; gracias a la ayuda de un amigo fotógrafo, consiguió algunas lámparas para la iluminación. Las filmaciones se limitaban a sábados y domingos, para no interferir con la vida y las ocupaciones del “equipo”.

Un par de años después de realizar su primer trabajo, y también como una manera de serenar las inquietas aguas de Honduras que el “tifón Angel” había despertado, Sami Kafati parte a Italia a estudiar dirección cinematográfica a la Università Internazionale degli Studi Sociali de Roma, donde genera fuerte lazos con algunos futuros realizadores chilenos que también cursaban allí sus estudios.

En 1965 es exhibida en el Instituto Nacional de Cinematografía LUCE de Roma, Mi Amigo Angel.

A su vuelta a Honduras, y pasando un par de años donde no logra insertar su proyecto, es invitado por un compañero de estudios a trabajar en el Departamento de Prensa del Canal 13 de televisión de la Universidad Católica de Chile, donde esta a cargo de la realización fílmica del programas políticosdurante la campaña electoral de 1970.

Por aquellos años Kafati, formó parte del equipo de documentalistas que realizaron Neruda: Hombre y Poeta. (1970) junto al realizador colombiano Pepe Sánchez.

En aquellos días de plena ebullición política le ofrecieron volver a Honduras, con una serie de interesantes proyectos, de los cuales solo algunos comerciales se llevaron a cabo y un corto documental llamado Independencia de Honduras (1971), frente a esta nueva desilusión prefirió volver a Chile donde Salvador Allende asumía la presidencia.

Muchos de sus viejos amigos cineastas, como Miguel Littín, Dunay Kusmanic o Alvaro Ramírez, eran funcionarios o dirigía la actividad cinematográfica y los sueños estaban a la vuelta de la esquina; pero el sueño duraría demasiado poco y las ilusiones del cine chileno serían aniquiladas por la barbarie pinochetista. Sami Kafati debió volver a Honduras una vez más.

Al llegar a Tegucigalpa, ya otros cineastas trabajaban sobre el surco que él había abierto diez años antes, e irían dando a conocer sus realizaciones, entre ellos, Fosi Bendeck con El Reyecito o El Mero Mero; (1978) Alto Riesgo de René Pauck, Voz de Ángel de Francisco Andino y El Cuerpo Extraño(1998) de José A. Olay.

En 1974 asume la presidencia de Honduras el general Juan Alberto Melgar Castro, un militar más en la larga cadena de golpes y revoluciones del país, quien genera algunas esperanzas para la producción cinematográfica creando un Departamento de cine, adjunto al Ministerio de Cultura. Sami Kafati es llamado para dirigirlo, pero todo terminó en la nada, otro golpe palaciego acabó con el proyecto.

Dicho Departamento Cinematográfico, apenas produjo un par de documentales en los tiempos que Fosi Bendeck y René Pauck se habían hecho cargo de él.

Es por esa época cuando Sami Kafati intentó fundar la cinemateca, para lo cual buscó entre sus contactos y pudo hacer algunas alianzas con departamentos e institutos de cine de otros países latinoamericanos para que los proveyeran de material. Todo se desvaneció cuando el funcionario deturno, preguntó “¿Qué es una cinemateca?”

Siempre Kafati, tuvo muy claro lo que quería respecto del cine, considerando que “una obra de arte tiene que tener por fuerza su incidencia ideológica” y que “No es posible por ejemplo, que alguien que haga cine en Latinoamérica pueda pasar por alto ciertas cosas, no puede hacerse uno de la vista gorda frente a ciertos problemas imposibles de pasar desapercibidos”. “Un artista, tiene necesariamente que fijarse en ciertas cosas que son muy del medio en que vive y deben aparecer éstas en su obra. No olvidemos que el autor se alimenta de la realidad que lo rodea”, enunciaba en alguno de sus manifiestos.

En 1976 puede elaborar una serie de documentales institucionales como Agua, vida y desarrollo, Proyecto Guanchías, documental de corto metraje, realizado para la Naciones Unidas, Bajo Aguán, medio metraje; Acueductos rurales; El despertar del Kukulcán; Salud en Honduras (1977); Bosques y maderas de Honduras (1977) medio metraje; Escuela de ciencias forestales (1977) corto metraje y Rescate de los bosques de Honduras (1977).

Más adelante trabaja junto al cineasta chileno Raúl Ruiz para la Televisión Estatal Alemana, haciendo la dirección de fotografía del largometraje argumental Le corps divisé et le monde à l’envers (filmada en Honduras) y luego La Vacation Suspendue entre otros. En esos tiempos Sami, también colaboraría con otro gran director chileno en el exilio, Helvio Soto.

En 1982 gana el premio Itzamná, otorgado por la Escuela Nacional de Bellas Artes de Honduras. El sueño largamente anhelado por Kafati, se empieza a corporizar en 1983: la realización del largo metraje de ficción No hay tierra sin dueños, donde no solo dirige, sino que fue autor del guión, productor, editor, director artístico y fotógrafo. El film gira sobre la permanente problemática del campesino y su avasallamiento por parte del terrateniente, siempre aliado del poder, siempre tan igual, siempre tan aliado, que es imposible saber quién es quién, y que con perfecta simetría se repite a todolo largo de Latinoamérica.

No hay tierra sin dueños la comienza a filmar en 1984. El guión narra la vida de Don Calixto, un terrateniente que se apropia de todo: tierras, mujeres, voluntades; siempre con la mirada cómplice del poder. Don Calixto, fue interpretado por José Luis López. El resto de los protagonistas fueron en sugran parte amigos personales de Sami, pintores, directores de teatro,  escritores, reconocidos en Honduras y en el extranjero, pero sin ningún conocimiento de actuación.

No hay tierra sin dueño, se logra rodar íntegramente, en 1984 y el propio Sami Kafati es quién la

edita, pero recién logra terminarla en 1996, cuando ya se encontraba muy enfermo, tanto, que apenas terminado este trabajo muere de una afección cardiaca, sin poder llegar a la etapa de postproducción.

Ese montaje fue respetado y la postproducción fue llevada a cabo con el apoyo de sus viejos amigos chilenos, entre ellos, muy especialmente la gran montajista Carmen Brito Alvarado, Beto Ríos, Pedro Chaskel, Miguel Littín, Patricio Guzmán y Raúl Ruiz. El Gobierno francés fue fundamental en esta última fase, por mediación del Centro Nacional de la Cinematografía y el FOND SUD que se dedica a terminar  proyectos en el Hemisferio sur y los países del Tercer Mundo.

Como Cid Campeador, Sami Kafati, vence más allá de su muerte y su obra más soñada brilla en el último Festival de los Tres Continentes; en Nantes se llevó a cabo la premiére mundial de No hay tierra sin dueño. Su estreno en América Latina fue en el Festival de La Habana de 2003 y fue exhibida con muchísima repercusión en Quincena de Realizadores del Festival de Cannes también en el mismo año.

Sin duda, en No hay tierra sin dueño, Sami Kafati, concentra toda su potencia como artista y refleja su ideario como intelectual comprometido con su país y América Latina.

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